‘The Leftovers’: un canto a la humanidad

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¿Qué ocurriría si un 2% de la población desapareciera en un segundo sin dejar rastro? Esa es la genial premisa de The Leftovers (HBO) que te atrapa desde la primera escena. Pero como sucede con todas las grandes historias de la ciencia ficción, se trata sólo de una excusa: The Leftovers es una historia sobre la pérdida, la fe, el amor y la muerte; en definitiva, sobre la humanidad.

Creada por Tom Perrotta (autor de la novela homónima) y Damon Lindelof, uno podría esperarse que The Leftovers terminara como ese desaguisado llamado Lost: una maraña de explicaciones que rozaban lo absurdo para intentar aportar cierta lógica a un planteamiento que, desde el principio, tenía difícil solución. Conocedor de sus errores, Lindelof ya lanzó un aviso para navegantes desde el principio: en The Leftovers nunca se sabría la causa de esa abducción del 2% de la población. Y sí, fue la mejor decisión que pudieron tomar.

También jugó en favor de The Leftovers las bajas audiencias. Las series son un producto fluctuante, cuyo mayor condicionante son el número de espectadores. Una audiencia pobre supone una cancelación, pero una audiencia desbordada puede terminar convirtiéndose en un lastre: las cadenas de televisión, para mantener el rédito, alargan las historias hasta desgastarlas. The Walking Dead, por ejemplo, se ha convertido en un paradigma de ello: AMC no quiere desprenderse de su producto estrella, cuando la serie hace ya temporadas que muestra signos de fatiga crónica. Sin embargo, en el caso de The Leftovers, los datos relativamente mediocres en cuanto audiencia hicieron que la serie sólo tuviera tres temporadas y, con ello, se consiguió cerrar su historia sin alcanzar ese punto de hastío. Y sí, al terminarla la sensación es de plena satisfacción. Nada sobra ni nada falta.

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La serie consta de tres temporadas muy diferenciadas entre ellas, no sólo porque cada una tiene lugar en una ubicación distinta, sino porque cada una abarca una o varias fases del duelo por la pérdida de un ser querido: la negación/enfado, la negociación/depresión y la aceptación.

La primera temporada nos presenta la desgracia y las consecuencias más directas: personajes rotos, incapaces de comprender qué ha sucedido, que se refugian en nuevos cultos y se aíslan del mundo que los rodea. La segunda temporada está marcada por el inicio de la aceptación, pero al mismo tiempo las sombras de lo acontecido se materializan y los personajes deben afrontarlas. Finalmente, la tercera temporada nos lleva directamente a la aceptación, por parte de los personajes, de su destino.

La fe y, en consecuencia, la religión es otra constante a lo largo de The Leftovers, y termina por convertirse en una vía de escape en un mundo en el que es imposible comprender, desde una perspectiva lógica, lo que está sucediendo. Ante esta incertidumbre, los personajes se refugian en sus creencias, se aferran a ellas, reinterpretan la Biblia para intentar darle sentido a lo inexplicable, buscando paralelismos en un intento desesperado por salvarse. Y todo ello sin que la ficción caiga en maniqueísmos. La ambigüedad se convierte en verdad, una verdad que se percibe en gestos, decisiones, motivaciones, que por muy desconcertantes que puedan llegar a ser, terminan por emocionarnos.

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No merece la pena conocer detalles de la trama, como en la gran mayoría de historias. Simplemente hay que dejarse sorprender, y esa es una de las cualidades de The Leftovers. Lindelof y Perrotta demuestran una capacidad asombrosa para reinventarse una vez tras otra. Cuando piensas que la serie tomará un rumbo, se va a otra dirección. Cuando creías que ya lo habías visto todo, se sacan un conejo de la chistera. Y todo, absolutamente todo, encaja a la perfección en ese mundo en el que Dios parece haberse rebelado.

Mención aparte a la extraordinaria banda sonora de Max Richter. Es imposible describir lo que transmite su música. No hay palabras. Cuando los personajes se quedan en silencio, mirándose, y de repente empieza a sonar el tema The Departure en su versión en piano… no hay mejor forma que definirlo que la manida frase de “una experiencia religiosa”. Lo mismo ocurre con los actores, todos ellos brillan con luz propia, entre los que destaca Carrie Coon. Imposible olvidarla.

Como ocurre en muchas ocasiones, el tiempo es el que pone las cosas en su sitio: The Leftovers será una de esas series que terminará etiquetada como serie de culto (si es que no lo está ya). Se lo merece. Y cualquiera que decida dejarse llevar por esta poética historia terminará con lágrimas en los ojos y el corazón lleno de esperanza. Porque, aunque el ser humano pueda ser monstruoso, también es capaz de maravillar como el que más.

Valoración: 9’5/10

Ficha de The Leftovers en IMDB

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